Escribe: Gerardo
Alcántara Salazar.
Los gobernantes peruanos se ufanan de administrar un país, Perú, que más crece
en economía y, el mundo acepta y aplaude. ¿Qué sucedería si la cordillera de los
Andes que cruza el territorio peruano no estuviera repleta de oro, plata, cobre
y otros metales? Simplemente sería un país indigente. Perú, como Venezuela, vive
de una economía parasitaria, de extraer la riqueza que naturaleza ha puesto ahí
donde se encuentra.
Miles de
millones de dólares que beneficia a las empresas extranjeras y algunas de
propiedad de empresarios peruanos crean esa ilusión de éxito económico y
bonanza, de buenos ingresos per cápita, que no corresponde a la realidad, porque
en los hechos los montos no se reparten en partes alícuotas entre los habitantes
del país y no tiene por qué ser tampoco así, porque los peruanos no hemos
contribuido a crear esa riqueza. No somos la naturaleza que ha puesto esos
recursos ahí y no participamos en la creación de valor en la economía, porque el
valor que se agrega a la economía es igual a los intangibles que cada ser humano
tiene en el cerebro y se materializa en el proceso productivo, agregando cada
cual valor a la economía según el potencial no de sus músculos sino de los
intangibles que fluye de su mente.
Y los intangibles no
se establecen en el cerebro de la gente por azar, por milagro o magia, sino
mediante la educación, esa educación que la ministra Salas no ha contribuido a
mejorar desde su posición de miembro del Consejo Nacional de Educación ni da
muestras de entender ahora, porque de la noche a la mañana los intangibles que
circulan en su cabeza no pueden ser reemplazados por otros ni mejorar
misteriosamente. Sigue siendo ella y sus recursos mentales.
Los esfuerzos
que se vienen produciendo en el Perú tienen las limitaciones de los intangibles
de sus líderes, por más que se premie o condecore incautamente a quienes se cree
que están descubriendo la pólvora. El voluntarismo es insuficiente si no tiene
esos valores mentales debidamente instalados en cerebro de cada líder o
burócrata.
Por lo demás,
la educación debe ser holística y debe corresponder a la política de estado. Un
país condenado a vivir en los extramuros de la economía, Cuba aislada por década
de la economía internacional, pese a no tener los volúmenes de riqueza que
exhibe Perú, demuestra que siendo escasa la tiene mejor distribuida y
direccionada. No es casualidad que siempre destaque en las competencia
deportivas en el ámbito mundial y en los últimos panamericanos se coloque en
segundo lugar, solamente superado por Norteamérica, la gran potencia mundial en
la conquista de medallas de oro, alcanzado sus deportistas nada menos que 58
preseas de oro, mientras que Perú con la algarabía del éxito económico en medio
de la crisis capitalista global, conquista cero medallas de oro. Cuba, además de
las de oro, obtiene 35 de plata y 54 de cobre.
El crecimiento
económico debe traducirse en desarrollo y este concepto implica la realización
personal que debe demostrarse entre otras cosas en la saludad física y mental de
los jóvenes, lo cual obviamente se evidencia en la cosecha de preseas en las
competencias deportivas.
En los
panamericanos del 2011, Perú se ubica en los últimos lugares con dos medallas de
plata y cinco de cobre, superando solamente a Bolivia y Paraguay.
Este desempeño
en el deporte tiene su correlato en la Educación. Tal como sostiene PISA del
2009, refiriéndose a los países de Latinoamérica y el Caribe:
“Los
países de la región se ubicaron en el tercio inferior en todas las
materias
evaluadas.
Chile
obtuvo el mejor desempeño de la región en lectura y ciencias, pero empató con
otros países en matemática. Panamá y Perú tuvieron el peor desempeño de la
región en todas las materias evaluadas”.
Durante
el segundo gobierno del Arquitecto Fernando Belaunde Terry se dio la Ley
Universitaria vigente, la 23733, pero sólo muy parcialmente se ha empezado a
cumplir el artículo 53 hace un año. La educación es lo último que interesa a los
gobiernos de turno y no solamente la educación preuniversitaria se encuentra en
los extramuros, sino también la universitaria, pese a que en el país vivimos con
el espejismo de contar con la Universidad Decana de América. Así como la edad de
las personas, en cuanto tal, no es garantía de nada, con el de las
instituciones sucede lo mismo.
La educación, el conocimiento, es la mejor garantía de la democracia, de la
posibilidad de que la gente pueda realizar actividades económicas potenciadas y
con mejores ingresos. Es en buena cuenta, la mejor garantía de la inclusión y de
la estabilidad social. Finalmente, no existe mejorar garantía que la educación
para tener un país rico, exitoso y fuerte.
La minería como actividad económica es valiosa, siempre que no cree problemas
ambientales. Otorga buenos salarios a quienes tienen empleo en esas empresas.
Ofrece ingresos al fisco y el canon. Pero estadísticamente no ofrece empleo
directo a más del 0.5% de la población económicamente activa.